Un buen día, Germán decidió que su vida había de tomar un giro, una nueva dirección, dado que en cierto modo se había terminado la época de funcionario: un hastío cada vez más grande se apoderaba de él y, aunque económicamente no se podía quejar, otras inquietudes le empujaban a prepararse para nuevas ocupaciones que le atraían más aunque sin abandonar las presentes. Él acariciaba la idea de servir creciendo, pero ahora dentro de otra clase de organización, quizás aún no estructurada ni sólida.
De forma imperceptible para alguien no ‘avisado’, Germán había sembrado un pensamiento. Con el tiempo, ese pensamiento fue adquiriendo forma, sus perfiles se fueron volviendo cada vez más nítidos, de suerte que la insaciable pero aún inconsciente sed de conocimientos de Germán le iba acercando a lecturas, a cursos, a seminarios y a talleres cada vez, aun como juego, más específicos. Primero solía acudir a seminarios en los perfiles de su profesión de siempre, una foto-fija de su propio miedo al cambio, pero el tiempo fue dando forma a la idea, al pensamiento que había sembrado en su interior. Y ese pensamiento fue tomando forma hasta que perdió el miedo. ¿Cuándo lo hizo? Cuando jugó, y jugando, entregándose a la risa, al baile, descubrió que amar, la simple acción y actitud de amar en el sentido de servir (obras son amores, y no buenas razones, se decía), además de ser doctrina del más alto líder que ha dado la Historia de la Humanidad (Jesús de Nazareth), es cuestión de práctica, de voluntad firme y decidida, es una elección deliberada desde la que el comportamiento hacia los demás es esencialmente controlable.
Y descubrió, a través de la lectura y de compartir, que el Liderazgo, entendido como ÁGAPE FRATERNAL se alimenta de paciencia o mostrar autodominio; afabilidad o prestar atención, apreciar y animar, también conocida como escucha activa; humildad o ser auténtico, sin pretensiones ni arrogancia; respeto o tratar a los demás como la gente importante que es; generosidad o satisfacer las necesidades de los demás. indulgencia o no guardar rencor al que nos perjudica; honradez o estar libre de engaños; compromiso o atenerse a las propias elecciones.
Lo consideró el mayor descubrimiento de su vida porque entendió que, a partir de entonces, su MISIÓN adquiría sentido: podía cultivarse como un jardín en esas cualidades si, como era su deseo, deseaba servir desde la posición de líder. La siembra de aquel pensamiento le había puesto en el camino de lo que deseaba hacer con su vida.
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