Hay momentos en la vida de las personas en que no queda otra que dar un salto. Que cueste darlo o no, que dé vértigo, que parezca que el suelo se mueve, es normal. Iniciar un camino y tener que salir del mismo porque las circunstancias empujan, puede tomarse como un fracaso (quizás otro fracaso). Es una tentación, muchas veces la primera tentación.
Yo he dado ese salto, y estoy contento porque la vida me está empujando hacia donde me encuentro más a gusto.
En "Revolutionary Road", el personaje que encarna Leonardo Di Caprio rechaza una oportunidad de crecer humanamente sólo con dar un salto, eso sí, cualitativo; incluso, cuántico: rechaza abandonar un trabajo que él mismo califica de "irremediablemente vacío" para vivir en París pudiendo permitirse SER. Yo no lo haré, no lo hago.
Parafraseando a Paulo Coelho, su 'guerrero de la luz' sí da el salto al vacío, pero tampoco ha de darlo sin haberlo meditado, reflexionado, respirado, incluso compartido. Porque es bueno, está bien saltar confiado, pero no únicamente confiaNdo en que algo mejor y mayor que el 'guerrero' le coja en brazos. Está bien confiar como Abel, pero antes ha de haber trabajado como Caín, Caín el bueno.
Voy a volver a escribir, a comunicarme, a decir cosas y confrontarlas. A crecer en el intercambio.
No hay comentarios:
Publicar un comentario